
Pronto habrán transcurrido cien años desde que el Padre Francisco Jordán volvió al Padre Celestial. Ha pasado por lo tanto mucho tiempo desde que dejó el mundo de los hombres y de la Sociedad que fundó en el corazón de la Iglesia Universal con una finalidad: dar a conocer y a amar al único Dios verdadero y a Aquel a quien Él envió, su Hijo Jesucristo, el Salvador del mundo. Desde la distancia que dan cien años, no hay duda de que esta meta y este espíritu aún son actuales dentro de la Iglesia y que deben mantenerse vivos.
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