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Emblema del XIX Capitulo General

El emblema del XIX Capitulo General de la Sociedad del Divino Salvador – obra del P. Wiesław Stempak, SDS – refleja el deseo de reavivar el ardor apostólico salvatoriano. En el contexto de una sociedad cada vez más necesitada de Dios, el Papa Francisco nos pide ser una Iglesia de puertas abiertas y en salida al encuentro de todas las personas. Instigados por el fuego apostólico presente en la vida y en las palabras del P. Francisco María de la Cruz Jordán, queremos buscar respuestas concretas a este y otros desafíos de nuestro tiempo.

En el marco de la celebración del centenario de la muerte del Fundador (1918‑2018), elegimos dejar con que sus palabras resuenen en el profundo de nuestro corazón: “¡Vayan (…) enciendan a todos!”[1]. Así, el Capítulo General se vuelve una verdadera oportunidad para que, al vivificar el espíritu apostólico del Fundador, seamos nuevamente enviados, como “comunidad apostólica”, para dar a conocer el Dios único y verdadero revelado en Jesucristo, bien como su mensaje de Salvación.   

La mano que sostiene la lámpara alude a la vocación apostólica salvatoriana de llevar y sostener la llama de la salvación a todos los lugares del mundo, tornándonos también nosotros semejantes a una “lámpara que arde e ilumina[2]. Este “ser luz de salvación” tiene su fuente en nuestra experiencia de encuentro personal con Jesucristo. Sin esta experiencia de discípulos salvados por Él, es imposible evangelizar, porque, como explicaba el Fundador, se falta el óleo de una espiritualidad profunda la lámpara se apaga[3]

La llama en amarillo indica la luz misma que es Jesús Salvador, que ilumina nuestra existencia. Él es el modelo inspirador de nuestra acción apostólica. Además, la cruz al centro de la llama recuerda que la misión apostólica no es una simple tarea humana, sino que la misma viene guiada y amparada por el Espíritu del Crucificado-Resucitado, que actúa en nuestra historia. ¡Es el Espíritu de Cristo el verdadero protagonista de la misión!

En este Espíritu, los salvatorianos, tal como figuran las doce llamas multiformes, damos a conocer a todo el mundo el amor del Único Dios Verdadero, que en la cruz de su Hijo Jesús abrazó el mundo para salvar a todos, sin excluir a nadie. Realizamos este servicio con hechos y palabras, tanto desde la multiculturalidad de nuestra propia conformación internacional, cuanto de la universalidad de modos y medios, actuando en las más diversas realidades, unidos en la misma misión, como fieles hijos espirituales del P. Francisco Jordán.

Por otra parte, las distintas líneas que atraviesan el emblema nos llevan a pensar en los caminos de la historia salvatoriana. En los rastros de las generaciones se dejan registradas una infinidad de testimonios de logros apostólicos, de contradicciones y también de cruces. La continuidad de esta tradición de testimonio y servicio apostólico está ahora en nuestras manos.  Hoy, más que nunca, en continuidad y creatividad frente a esta tradición salvatoriana, es tiempo de evangelizar y de avanzar, inflamados y enviados a inflamar.


[1] Francisco Jordán, Diario Espiritual - II/21

[2] Francisco Jordán, Palabras y Exhortaciones, en 23 de junio de 1899.

[3] Cf. idem.

 

Franciscus Jordan

M

ientras Dios no sea glorificado en todas partes no puedes descansar ni un solo momento.

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